Oscar Lizama Oscar Lizama

Fiesta del Bautismo del Señor

Lectionary: 21

Primera Lectura

Isaίas 42, 1-4. 6-7

Esto dice el Señor:
“Miren a mi siervo, a quien sostengo,
a mi elegido, en quien tengo mis complacencias.
En él he puesto mi espíritu
para que haga brillar la justicia sobre las naciones.

No gritará, no clamará, no hará oír su voz por las calles;
no romperá la caña resquebrajada,
ni apagará la mecha que aún humea.
Promoverá con firmeza la justicia,
no titubeará ni se doblegará
hasta haber establecido el derecho sobre la tierra
y hasta que las islas escuchen su enseñanza.

Yo, el Señor,
fiel a mi designio de salvación,
te llamé, te tomé de la mano, te he formado
y te he constituido alianza de un pueblo,
luz de las naciones,
para que abras los ojos de los ciegos,
saques a los cautivos de la prisión
y de la mazmorra a los que habitan en tinieblas”.

Salmo Responsorial

Salmo 28, 1a y 2. 3ac-4. 3b y 9b-10

R. (11b) Te alabamos, Señor.
Hijos de Dios, glorifiquen al Señor, 
denle la gloria que merece. 
Postrados en su templo santo, 
alabemos al Señor. R. 
R. Te alabamos, Señor.

La voz del Señor se deja oír 
sobre las aguas torrenciales. 
La voz del Señor es poderosa,
la voz del Señor es imponente. R.  
R. Te alabamos, Señor.

El Dios de majestad hizo sonar 
el trueno de su voz.
El Señor se manifestó sobre las aguas 
desde su trono eterno. R.  
R. Te alabamos, Señor.

Segunda lectura

Hechos 10, 34-38

En aquellos días, Pedro se dirigió a Cornelio y a los que estaban en su casa, con estas palabras: “Ahora caigo en la cuenta de que Dios no hace distinción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que fuere. Él envió su palabra a los hijos de Israel, para anunciarles la paz por medio de Jesucristo, Señor de todos.

Ya saben ustedes lo sucedido en toda Judea, que tuvo principio en Galilea, después del bautismo predicado por Juan: cómo Dios ungió con el poder del Espíritu Santo a Jesús de Nazaret, y cómo éste pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él”.
 

Aclamación antes del Evangelio

Cfr Juan 1, 29

R. Aleluya, aleluya.
Vio Juan el Bautista a Jesús, que venía hacia él, y exclamó:
“Éste es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo”.
R. Aleluya.

Evangelio

Mateo 3, 13-17

En aquel tiempo, Jesús llegó de Galilea al río Jordán y le pidió a Juan que lo bautizara. Pero Juan se resistía, diciendo: “Yo soy quien debe ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a que yo te bautice?” Jesús le respondió: “Haz ahora lo que te digo, porque es necesario que así cumplamos todo lo que Dios quiere”. Entonces Juan accedió a bautizarlo.

Al salir Jesús del agua, una vez bautizado, se le abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios, que descendía sobre él en forma de paloma y oyó una voz que decía desde el cielo: “Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias”.

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4o día después de la Epifanía del Seño

Epístola I de San Juan 4,19-21.5,1-4.

Hijos míos:
Nosotros amamos porque Dios nos amó primero.
El que dice: "Amo a Dios", y no ama a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve?
Este es el mandamiento que hemos recibido de él: el que ama a Dios debe amar también a su hermano.
El que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y el que ama al Padre ama también al que ha nacido de él,
La señal de que amamos a los hijos de Dios es que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos.
El amor a Dios consiste en cumplir sus mandamientos, y sus mandamientos no son una carga,
porque el que ha nacido de Dios, vence al mundo. Y la victoria que triunfa sobre el mundo es nuestra fe.


Salmo 72(71),2.14.15bc.17.

¡Pueblos de la tierra alaben al Señor!

Para que gobierne a tu pueblo con justicia
y a tus pobres con rectitud.
Los rescatará de la opresión y la violencia,
y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos.

y le regalen oro de Arabia;
que oren por él sin cesar
Que perdure su nombre para siempre
y su linaje permanezca como el sol;

que él sea la bendición de todos los pueblos
y todas las naciones lo proclamen feliz.


Evangelio según San Lucas 4,14-22a.

Jesús volvió a Galilea con el poder el Espíritu y su fama se extendió en toda la región.
Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan.
Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura.
Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos
y proclamar un año de gracia del Señor.
Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él.
Entonces comenzó a decirles: "Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír".
Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Comentario

San Ambrosio (c. 340-397)

obispo de Milán y doctor de la Iglesia

Comentario al salmo 1, 33; CSEL 64, 28-30

“Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”

Sacia tu sed en el Antiguo Testamento para, seguidamente, beber del Nuevo. Si tú no bebes del primero, no podrás beber del segundo. Bebe del primero para atenuar tu sed, del segundo para saciarla completamente... Bebe de la copa del Antiguo Testamento y del Nuevo, porque en los dos es a Cristo a quien bebes. Bebe a Cristo, porque es la vid (Jn 15,1), es la roca que hace brotar el agua (1Co, 10,3), es la fuente de la vida (Sal 36,10). Bebe a Cristo porque él es “el correr de las acequias que alegra la ciudad de Dios” (Sal 45,5), él es la paz (Ef 2,14) y “de su seno nacen los ríos de agua viva” (Jn 7,38). Bebe a Cristo para beber de la sangre de tu redención y del Verbo de Dios. El Antiguo Testamento es su palabra, el Nuevo lo es también. Se bebe la Santa Escritura y se la come; entonces, en las venas del espíritu y en la vida del alma desciende el Verbo eterno. “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra de Dios” (Dt 8,3; Mt 4,4). Bebe, pues de este Verbo, pero en el orden conveniente. Bebe primero del Antiguo Testamento, y después, sin tardar, del Nuevo.

Dice él mismo, como si tuviera prisa: “Pueblo que camina en las tinieblas, mira esta gran luz; tú, que habitas en un país de muerte, sobre ti se levanta una luz” (Is 9,1 LXX). Bebe, pues, y no esperes más y una gran luz te iluminará; no la luz normal de cada día, del sol o de la luna, sino esta luz que rechaza la sombra de la muerte.

Santa Francisca de Sales

Santa Francisca de Sales


Beato Gregorio X, Papa

Beato Gregorio X

Los cardenales tardaron tres años en escoger papa. Algunos de ellos querían apoyarse en Alemania para contrarrestar la influencia creciente de Carlos de Anjou y, naturalmente, chocaron con los partidarios de los franceses. A los opuestos intereses nacionales se añadieron querellas familiares, ambiciones personales y la avaricia de no pocos. Las gentes de Viterbo comenzaron divirtiéndose con aquellas disputas interminables, pero al cabo de dos años empezaron a impacientarse. Y para obligarles a una pronta decisión cerraron herméticamente -tapiando las puertas- el palacio donde se hallaban los cardenales, quitándoles, además, la techumbre. Mas, a pesar de que les redujeron a un régimen de pan y agua, los cardenales no cambiaron su ritmo sino que consiguieron, incluso, que les levantaran el bloqueo. Por fin, al cabo de 34 meses de debates, el más largo cónclave de la historia se concluyó con la elección de Teobaldo Visconti el 1 de septiembre de 1271. Pero todavía hubo que esperar seis meses más para que el elegido -que en aquellos momentos peregrinaba a Tierra Santa en cumplimiento de una promesa- regresara a Roma para ser ordenado sacerdote, consagrado obispo y coronado papa. Hacía cerca de quince años que los romanos no veían a un pontífice en la Ciudad Eterna.

 

Nacido en Piacenza en 1210, Teobaldo Visconti había sido durante bastante tiempo arcediano de Lieja. Al convertirse en Gregorio X se perfiló como una de las figuras más capaces de la historia del papado, aunque sus realizaciones fueran más bien efímeras. Le hacía vibrar la fe ardiente de los primeros cruzados, lo que le movió a convocar, para 1274, un nuevo concilio en Lyon -que sería el decimocuarto de los ecuménicos- y que tendría como objetivo poner en marcha una nueva expedición a Palestina, restablecer la unidad con los cristianos de Oriente y llevar a cabo reformas en la Iglesia.

 

El concilio logró oficialmente la tan deseada unidad gracias a los esfuerzos del papa y a la habilidad política del emperador Miguel VIII Paleólogo, que esperaba desmontar así los proyectos de Carlos de Anjou de recrear un imperio latino de Oriente. Sin embargo, los reiterados saqueos de Constantinopla por parte de los cruzados hicieron rebrotar las viejas tensiones, hasta el punto de que ni el pueblo ni el clero griegos se hicieron el más mínimo eco de los acuerdos de Lyon, que, así, quedaron como letra muerta.

 

Indudablemente, una de las preocupaciones del concilio, y no de las menores, fue impedir que volviera a repetirse el caso de cónclaves interminables. Por la constitución «Ubi periculum» se estableció que, al morir un papa, los cardenales de Roma no esperarían más de diez días a sus colegas ausentes. Los electores serían luego encerrados con doble llave, acompañados por un solo servidor, y privados de todo contacto con el exterior. Se les pasarían las comidas por una ventana. A los tres días, se limitaría el régimen alimenticio a un solo plato a mediodía y por la noche. A partir de los ocho días, quedaría limitado a pan, vino y agua. Pero sobre todo, mientras permaneciera vacante la sede pontificia, quedarían confiscadas las eventuales rentas de los cardenales... ¡Era muy duro! Nada tiene, por tanto, de particular que los sucesores de Gregorio dejaran sin efecto tales medidas, que fueron puestas en vigor de nuevo en 1294 por Celestino V. En lo esencial siguen vigentes en la actualidad.

 

Resultaron laboriosos los acuerdos tomados, tanto, que faltó tiempo para plantear y acometer otras reformas. Acabado el concilio, se aprestó el papa a preparar la cruzada. Los principales barones de Occidente prometieron su concurso, pero Alemania seguía sin emperador, incluso sin rey, después de la ejecución del joven Conradino. Que se diera fin a aquella situación era condición indispensable para que la cruzada se pusiera en movimiento. Ya desde 1273 el pontífice había hecho una llamada a los Grandes Electores. El arzobispo de Maguncia convocó a éstos en Francfort, donde, el 10 de octubre de aquel año, quedó elegido Rodolfo de Habsburgo. El papa, que advertía cada vez con mayor claridad la necesidad de oponer a la influencia agobiante de Carlos de Anjou un contrapeso decisivo, confirmó -el 26 de septiembre de 1274- la elección de Rodolfo y propuso, además, la fecha del 23 de mayo siguiente para su coronación. La ceremonia se tuvo que retrasar primero hasta el 1 de noviembre, fijándose finalmente para el 2 de febrero de 1276. Era demasiado tarde. El 10 de enero fallecía Gregorio en Arezzo. Todo el mundo, salvo Carlos de Anjou, lamentó su muerte. Había sido, por encima de todo, un sacerdote sincero, piadoso, deseoso de paz y de perdón. En 1713, Clemente XI puso de relieve el ejemplo de sus virtudes y lo elevó a los altares.

 

De «Los Papas, de San Pedro a Juan Pablo II», de Jean Mathieu-Rosay, Rialp, Madrid, 1990, pp 274-276.

fuente: Mathieu-Rosay: Los Papas

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3er día después de la Epifanía

¿Señor, a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Jn 6, 68


Epístola I de San Juan 4,11-18.

Queridos míos, si Dios nos amó tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros.
Nadie ha visto nunca a Dios: si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y el amor de Dios ha llegado a su plenitud en nosotros.
La señal de que permanecemos en él y él permanece en nosotros, es que nos ha comunicado su Espíritu.
Y nosotros hemos visto y atestiguamos que el Padre envió al Hijo como Salvador del mundo.
El que confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, permanece en Dios, y Dios permanece en él.
Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios permanece en él.
La señal de que el amor ha llegado a su plenitud en nosotros, está en que tenemos plena confianza ante el día del Juicio, porque ya en este mundo somos semejantes a él.
En el amor no hay lugar para el temor: al contrario, el amor perfecto elimina el temor, porque el temor supone un castigo, y el que teme no ha llegado a la plenitud del amor.

Salmo 72(71),1-2.10-11.12-13.

¡Que se postren ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra!

Concede, Señor, tu justicia al rey
y tu rectitud al descendiente de reyes,
para que gobierne a tu pueblo con justicia
y a tus pobres con rectitud.

Que los reyes de Tarsis y de las costas lejanas
le paguen tributo.
Que los reyes de Arabia y de Sebá
le traigan regalos;

que todos los reyes le rindan homenaje
y lo sirvan todas las naciones.
Porque él librará al pobre que suplica
y al humilde que está desamparado.

Tendrá compasión del débil y del pobre,
y salvará la vida de los indigentes.

Evangelio según San Marcos 6,45-52.

Después que los cinco mil hombres se saciaron, en seguida, Jesús obligó a sus discípulos a que subieran a la barca y lo precedieran en la otra orilla, hacia Betsaida, mientras él despedía a la multitud.
Una vez que los despidió, se retiró a la montaña para orar.
Al caer la tarde, la barca estaba en medio del mar y él permanecía solo en tierra.
Al ver que remaban muy penosamente, porque tenían viento en contra, cerca de la madrugada fue hacia ellos caminando sobre el mar, e hizo como si pasara de largo.
Ellos, al verlo caminar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y se pusieron a gritar,
porque todos lo habían visto y estaban sobresaltados. Pero él les habló enseguida y les dijo: "Tranquilícense, soy yo; no teman".
Luego subió a la barca con ellos y el viento se calmó. Así llegaron al colmo de su estupor,
porque no habían comprendido el milagro de los panes y su mente estaba enceguecida.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

“Jesús estaba solo”

La revelación esencial del Evangelio es la presencia fundamental y profunda de Dios. Es un llamado a encontrar a Dios, y Dios se encuentra en la soledad. Puede parecer que esta soledad es rechazada a los que viven entre los hombres. Eso sería creer que precedemos a Dios en la soledad, pero es Dios el que nos espera. Encontrarlo es encontrar la verdadera soledad. Porque la verdadera soledad es espíritu y todas nuestras soledades humanas son camino hacia la perfecta soledad que da la fe. La verdadera soledad no es la ausencia de hombres sino la presencia de Dios. Poner la vida en faz de Dios, librar la vida a la inspiración de Dios, es saltar a una región en la que somos hechos solitarios. Es la altura la que hace la soledad de las montañas y no el lugar en la base, en la que estamos parados. Si la efusión de la presencia de Dios en nosotros es escuchada en el silencio y la soledad, esa presencia nos deja pacificados, radicalmente unidos a todos los hombres que están hechos con la misma tierra que nosotros. “Feliz el que recibe la Palabra de Dios y la guarda” (Lc 11,28). No hay soledad sin silencio. El silencio, que puede ser a veces callar, es siempre escuchar. Una abstención de ruido que estuviera carente de nuestra atención a la Palabra de Dios, no sería silencio. Una jornada llena de ruidos y plena de voces, puede convertirse en una jornada de silencio…, si para nosotros el ruido deviene un eco de la presencia de Dios.

San Adriano de Canterbury, Abad

En Canterbury, en Inglaterra, san Adriano, abad, el cual, nacido en África, desde Nápoles viajó a Inglaterra, donde, muy preparado en ciencias eclesiásticas y civiles, educó egregiamente a gran número de discípulos.

San Adrián había nacido en Africa. Era abad de Nérida, cerca de Nápoles, cuando el papa san Vitaliano, a la muerte de san Adeodato, arzobispo de Canterbury, le escogió por su ciencia y virtud para instruir a la nación inglesa, aún joven en la fe. El humilde siervo de Dios trató de declinar la elección, recomendando a san Teodoro de Tarso para el cargo, pero se mostró dispuesto a compartir los trabajos de la misión. El Papa accedió a sus súplicas y le nombró asistente y consejero del nuevo obispo, en lo cual san Adriano convino gustosamente.

 

San Teodoro le nombró abad del monasterio de San Pedro y San Pablo de Canterbury, que más tarde había de llamarse San Agustín, donde nuestro santo enseñó el griego, el latín, la ciencia de los Padres y, sobre todo, la virtud. Bajo Adrián y Teodoro, la influencia de la escuela monástica de Canterbury se extendió enormemente. San Aldelmo acudió a ella desde Wessex, Oftforo desde Whitby, y otros estudiantes desde Irlanda. Era una escuela de Derecho Romano y de Ciencias eclesiásticas. Beda refiere que los discípulos de san Adrián conocían bastante bien el griego y hablaban el latín como el inglés. San Adrián ilustró el país con su doctrina y el ejemplo de su vida, durante treinta y nueve años. Murió el 9 de enero del año 710.

 

Goscelino de Canterbury nos ha dejado una narración muy interesante del descubrimiento en el 1091 de los restos de san Adrián, que se hallaban incorruptos y despedían una suave fragancia; las recientes excavaciones confirman ese relato.

 

Sobre el descubrimiento de los restos, ver Migne, PL., vol. CIV, cc. 36-38, y Archaeologia Cantiana (1917), vol. XXXII, p. 18. La tumba de San Adrián se hizo famosa por los milagros en ella obrados, según nos dice Goscelino, citado por Guillermo de Malmesbury y por Capgrave. El nombre de nuestro santo se encuentra en los calendarios ingleses.  Acta Sanctorum, 9 de enero, que reproduce algunos pasajes de Beda y de Capgrave; y Biblioteca Hagiográfica Latina, de los Bollandistas, n. 558.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

Oremos

Tú, Señor, que concediste a San Adrián el don de imitar con fidelidad a Cristo pobre y humilde, concédenos también nosotros, por intercesión de este santo, la gracia de que, viviendo fielmente nuestra vocación, tendamos hacia la perfección que nos propones en la persona de tu Hijo. Que vive y reina contigo.

Calendario de fiestas marianas: Nuestra Señora de la Clemencia o la Misericordia de Absam, cerca de Innsbruck,  Austria (1797).

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Jueves después de Epifanía

Lectionary: 215

Primera Lectura

1 Juan 4, 19–5, 4

Queridos hijos: Amamos a Dios, porque él nos amó primero. Si alguno dice: “Amo a Dios” y aborrece a su hermano, es un mentiroso, pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve. Además, Jesús nos ha dado este mandamiento: El que ama a Dios, que ame también a su hermano.

Todo el que cree que Jesús es el Mesías, ha nacido de Dios. Todo el que ama a un padre, ama también a los hijos de éste. Conocemos que amamos a los hijos de Dios en que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos, pues el amor de Dios consiste en que cumplamos sus preceptos. Y sus mandamientos no son pesados, porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Y nuestra fe es la que nos ha dado la victoria sobre el mundo.

Salmo Responsorial

Salmo 71, 2. 14 y 15bc. 17

R. (cf 11) Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Comunica, Señor, al rey tu juicio
y tu justicia, al que es hijo de reyes;
así tu siervo saldrá en defensa de tus pobres
y regirá a tu pueblo justamente. R.
R. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
De la opresión rescatará a los pobres,
pues estima su vida muy valiosa.
Por eso rogarán por él sin tregua
y lo bendecirán a todas horas. R.
R. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Que bendigan al Señor eternamente
y tanto como el sol, viva su nombre.
Que sea la bendición del mundo entero
y lo aclamen dichoso las naciones. R.
R. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
 

Aclamación antes del Evangelio

Lucas 4, 18

R. Aleluya, aleluya.
El Señor me ha enviado
para llevar a los pobres la buena nueva
y anunciar la liberación a los cautivos.
R. Aleluya.

Evangelio

Lucas 4:14-22

En aquel tiempo, con la fuerza del Espíritu, Jesús volvió a Galilea. Iba enseñando en las sinagogas; todos lo alababan y su fama se extendió por toda la región.

Fue también a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura. Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito: El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.

Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a hablar, diciendo: “Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”.

Todos le daban su aprobación y admiraban la sabiduría de las palabras que salían de sus labios.

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Miércoles después de Epifanía

Lectionary: 214

Primera lectura

1 Juan 4, 11-18

Queridos hijos: Si Dios nos ha amado tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros. A Dios nadie lo ha visto nunca; pero si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y su amor en nosotros es perfecto.

En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado su Espíritu. Nosotros hemos visto, y de ello damos testimonio, que el Padre envió a su Hijo como Salvador del mundo. Quien confiesa que Jesús es Hijo de Dios, permanece en Dios y Dios en él.

Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en ese amor. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él. En esto llega a la perfección el amor que Dios nos tiene: en que esperamos con tranquilidad el día del juicio, porque nosotros vivimos en este mundo en la misma forma que Jesucristo vivió.

En el amor no hay temor. Al contrario, el amor perfecto excluye el temor, porque el que teme, mira al castigo, y el que teme no ha alcanzado la perfección del amor.

Salmo Responsorial

Salmo 71, 2. 10-11. 12-13

R. (cf 11) Que te adoran, Señor, todos los pueblos.
Comunica, Señor, al rey tu juicio
y tu justicia, al que es hijo de reyes,
así tu siervo saldrá en defensa de tus pobres
y regirá a tu pueblo justamente.
R. Que te adoran, Señor, todos los pueblos.
Los reyes de occidente y de las islas
le ofrecerán sus dones.
Ante él se postrarán todos los reyes
y todas las naciones.
R. Que te adoran, Señor, todos los pueblos.
Al débil librará del poderoso
y ayudará al que se encuentra sin amparo;
se apiadará del desvalido y pobre
y salvará la vida al desdichado.
R. Que te adoran, Señor, todos los pueblos.

Aclamación antes del Evangelio

1 Timoteo 3, 16

R. Aleluya, aleluya.
Gloria a ti, Cristo Jesús, que has sido proclamado a las naciones.
Gloria a ti, Cristo Jesús, que has sido anunciado al mundo.
R. Aleluya.

Evangelio

Marcos 6, 45-52

En aquel tiempo, después de la multiplicación de los panes, Jesús premió a sus discípulos a que subieran a la barca y se dirigieran a Betsaida, mientras él despedía a la gente. Después de despedirlos, se retiró al monte a orar.

Entrada la noche, la barca estaba en medio del lago y Jesús, solo, en tierra. Viendo los trabajos con que avanzaban, pues el viento les era contrario, se dirigió a ellos caminando sobre el agua, poco antes del amanecer, y parecía que iba a pasar de largo.

Al verlo andar sobre el agua, ellos creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar, porque todos lo habían visto y estaban espantados. Pero él les habló enseguida y les dijo: “¡Ánimo! Soy yo; no teman”. Subió a la barca con ellos y se calmó el viento. Todos estaban llenos de espanto y es que no habían entendido el episodio de los panes, pues tenían la mente embotada.

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Martes después de Epifianía

Lectionary: 213

Primera lectura

1 Juan 4, 7-10

Queridos hijos: Amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama, no conoce a Dios, porque Dios es amor. El amor que Dios nos tiene se ha manifestado en que envió al mundo a su Hijo unigénito, para que vivamos por él.El amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero y nos envió a su Hijo, como víctima de expiación por nuestros pecados.
 

Salmo Responsorial

Salmo 71, 2. 3-4ab. 7-8

R. (cf 11)  Que  te adoren, Señor, todos los pueblos.
Comunica, Señor, al rey tu juicio,
y tu justicia al que es hijo de reyes,
así tu siervo saldrá en defensa de tus pobres 
y regirá a tu pueblo justamente. R.
R. Que  te adoren, Señor, todos los pueblos.
Justicia y paz ofrecerán al pueblo 
las colinas y los montes. 
El rey hará justicia al oprimido 
y salvará a los hijos de los pobres. R.
R. Que  te adoren, Señor, todos los pueblos.
Florecerá en sus días la justicia 
y reinará la paz, era tras era. 
De mar a mar se extenderá su reino 
y de un extremo al otro de la tierra. R.
R. Que  te adoren, Señor, todos los pueblos.

Aclamación antes del Evangelio

Lucas 4, 18

R. Aleluya, aleluya.
El Señor me ha enviado
para llevar a los pobres la buena nueva
y anunciar la liberación a los cautivos.
R. Aleluya.

Evangelio

Marcos 6, 34-44

En aquel tiempo, al desembarcar Jesús, vio una numerosa multitud que lo estaba esperando, y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.Cuando ya atardecía, se acercaron sus discípulos y le dijeron: “Estamos en despoblado y ya es muy tarde. Despide a la gente para que vayan por los caseríos y poblados del contorno y compren algo de comer”. Él les replicó: “Denles ustedes de comer”. Ellos le dijeron: “¿Acaso vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?” Él les preguntó: “¿Cuántos panes tienen? Vayan a ver”. Cuando lo averiguaron, le dijeron: “Cinco panes y dos pescados”.Entonces ordenó Jesús que la gente se sentara en grupos sobre la hierba verde y se acomodaron en grupos de cien y de cincuenta. Tomando los cinco panes y los dos pescados, Jesús alzó los ojos al cielo, bendijo a Dios, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran; lo mismo hizo con los dos pescados.Comieron todos hasta saciarse, y con las sobras de pan y de pescado que recogieron llenaron doce canastos. Los que comieron fueron cinco mil hombres.

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Memoria de San Juan Nepomuceno Neumann, obispo Lunes después de Epifanía

Lectionary: 212

Primera lectura

1 Juan 3, 22–4, 6

Queridos hijos: Puesto que cumplimos los mandamientos de Dios y hacemos lo que le agrada, ciertamente obtendremos de él todo lo que le pidamos. Ahora bien, éste es su mandamiento: que creamos en la persona de Jesucristo, su Hijo, y nos amemos los unos a los otros, conforme al precepto que nos dio. Quien cumple sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él. En esto conocemos, por el Espíritu que él nos ha dado, que él permanece en nosotros.

Hermanos míos, no se dejen llevar de cualquier espíritu, sino examinen toda inspiración para ver si viene de Dios, pues han surgido por el mundo muchos falsos profetas. La presencia del Espíritu de Dios la pueden conocer en esto: Todo aquel que reconoce a Jesucristo, Palabra de Dios, hecha hombre, es de Dios. Todo aquel que no reconoce a Jesús, no es de Dios, sino que su espíritu es del anticristo. De éste han oído decir que ha de venir; pues bien, ya está en el mundo.

Ustedes son de Dios, hijitos míos, y han triunfado de los falsos profetas, porque más grande es el que está en ustedes que el que está en el mundo. Ellos son del mundo, enseñan cosas del mundo y el mundo los escucha. Pero nosotros somos de Dios y nos escucha el que es de Dios. En cambio, aquel que no es de Dios no nos escucha. De esta manera distinguimos entre el espíritu de la verdad y el espíritu del error.
 

Salmo Responsorial

Salmo 2, 7-8. 10-11

R. (8a) Yo te daré en herencia las naciones.
Anunciar el decreto del Señor.
He aquí lo que me dijo:
“Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy.
Te daré en herencia las naciones,
y como propiedad, toda la tierra”.
R. Yo te daré en herencia las naciones.
Escuchen y comprendan estas cosas, 
reyes y gobernantes de la tierra. 
Adoren al Señor con reverencia, 
sírvanlo con temor.
R. Yo te daré en herencia las naciones.
 

Acclamacio antes del Evangelio

Cfr Mateo 4, 23

R. Aleluya, aleluya.
Predicaba Jesús la buena nueva del Reino
y sanaba toda enfermedad en el pueblo.
R. Aleluya.
 

Evangelio

Mateo 4, 12-17. 23-25

Al enterarse Jesús de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea, y dejando el pueblo de Nazaret, se fue a vivir a Cafarnaúm, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí, para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Isaías:

Tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos; el pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció.

Desde entonces comenzó Jesús a predicar, diciendo: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”. Y andaba por toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia.

Su fama se extendió por toda Siria y le llevaban a todos los aquejados por diversas enfermedades y dolencias, a los poseídos, epilépticos y paralíticos, y él los curaba. Lo seguían grandes muchedumbres venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania.

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